Sobre la Revolución de Mayo tod@s poseemos algunas leves o fuertes referencias, producto de años de estudio, actos solemnes y diversas conmemoraciones; pero al comenzar a transitar el 2010 desde el 25 de Mayo, pueden llegar a surgir en nosotros ciertas preguntas, es decir: cuáles fueron los objetivos reales de esta revolución, y, por otro lado, si dichos objetivos beneficiarían en algún aspecto a la clase trabajadora.
Si analizamos sus resultados concretos, la revolución de Mayo no fue una revolución social, ya que no modificó lo esencial de la estructura económico-social; por el contrario, podría decirse que tan sólo hubo algunos cambios a nivel simbólico, porque si se observa el “detrás de escena” se puede llegar a ver que, principalmente, esta revolución dio un mayor impulso al comercio inglés, que ya tenía un peso preponderante, limitado sólo por el monopolio español.
Pero no se puede desconocer que el 25 de Mayo, fue el comienzo de la Nación Argentina, si bien la constitución del Estado argentino fue mucho más complejo que duró hasta bien pasada la segunda mitad del siglo XIX, el cual incluyó enfrentamientos muy cruentos.
La revolución de Mayo fue el inicio de un proceso de lucha independentista a nivel continental, precedido durante las últimas décadas del siglo XVIII por hechos como la rebelión de Tupac Amaru, el inca que libero una lucha emancipadora contra el yugo español y que aún hoy, quinientos años después, repercute en las luchas que siguen librando los pueblos originarios; o la revolución en Haití, encabezada por negros y mulatos esclavos, para independizarse de Francia.
Esa lucha que se inicia con la revolución de mayo de 1810 y la lucha independentista posterior significan la lección primordial para los/as trabajadores/as organizados/as más allá de la valoración de sus alcances, porque demuestra que todo aquel que quiera cambiar el estado de cosas, debe estar dispuesto a una lucha sin descanso, contra los defensores del poder y los privilegios. Desde ese ángulo, los trabajadores y las trabajadoras, podemos aprender bastante de la revolución de Mayo, de sus alcances y sus límites, para así poder continuar con la lucha que incluya a todo el campo popular.
29 de mayo de 2010
20 de mayo de 2010
26 de abril de 2010
Juventudes Argentinas! (JA!)
Cipolletti, sábado 17 de Abril del 2010
El sábado 17 de abril se realizó un encuentro con distintas agrupaciones juveniles provenientes de distintos espacios como: Juventud CTA de Rio Negro, Federación Juvenil Comunista de Cipolletti y Cinco Saltos, Juventud Peronista Descamisados y Juventud Peronista Evita.
El objetivo del mismo fue impulsar un espacio de reflexión política, en el que el principal punto de discusión giro en la exigencia de la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aprobada por una amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso entre en septiembre y octubre del año pasado.
Las distintas agrupaciones juveniles mencionaron la importancia de llevar al pueblo argentino un debate político sobre una temática ya desgastada por la politización y en que se expone un gran desinterés, que al parecer sienten que no pueden interiorizarse del debate al ser un tema de “entendidos”, de periodistas, de técnicos. La idea de este encuentro es poder llevar la discusión a distintos espacios, tanto los estudiantes secundarios, terciarios y universitarios, con los vecinos/as, charlando puerta a puerta si es necesario, para defender esta Ley que es nuestra, derrocado una ley impuesta por la dictadura en el que el único objetivo es beneficiar a los grandes monopolios.
Esta Ley es la Ley de la democracia, en la que queremos libertad de expresión. Concluimos y afirmamos que: si no podemos expresarnos con total libertad no hay democracia.
El sábado 17 de abril se realizó un encuentro con distintas agrupaciones juveniles provenientes de distintos espacios como: Juventud CTA de Rio Negro, Federación Juvenil Comunista de Cipolletti y Cinco Saltos, Juventud Peronista Descamisados y Juventud Peronista Evita.
El objetivo del mismo fue impulsar un espacio de reflexión política, en el que el principal punto de discusión giro en la exigencia de la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, aprobada por una amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso entre en septiembre y octubre del año pasado.
Las distintas agrupaciones juveniles mencionaron la importancia de llevar al pueblo argentino un debate político sobre una temática ya desgastada por la politización y en que se expone un gran desinterés, que al parecer sienten que no pueden interiorizarse del debate al ser un tema de “entendidos”, de periodistas, de técnicos. La idea de este encuentro es poder llevar la discusión a distintos espacios, tanto los estudiantes secundarios, terciarios y universitarios, con los vecinos/as, charlando puerta a puerta si es necesario, para defender esta Ley que es nuestra, derrocado una ley impuesta por la dictadura en el que el único objetivo es beneficiar a los grandes monopolios.
Esta Ley es la Ley de la democracia, en la que queremos libertad de expresión. Concluimos y afirmamos que: si no podemos expresarnos con total libertad no hay democracia.
7 de abril de 2010
Pegarle a un Maestro, Mex Urtizberea
Lo sabe un chico de cuatro años, de salita celeste, que ni siquiera sabe hablar correctamente.
Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.
Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el secundario.
Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad en la que nada se sabe con certeza.
Lo saben sus padres.
Lo saben sus abuelos.
Lo sabe el tutor o encargado.
Lo saben los que no tienen estudios completos.
Lo sabe el repetidor.
Lo sabe el de mala conducta.
Lo sabe el que falta siempre.
Lo sabe el rateado.
Lo sabe el bochado.
Lo sabe hasta un analfabeto.
No se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores, los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe, pero no lo saben algunos gobernadores.
Son unos burros.
No saben lo más primario.
Lo que saben es matar a un maestro.
Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.
Lo que saben es golpearlos con un palo.
Lo que saben es dispararles balas de goma.
A los maestros.
A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.
Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.
Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.
Pero no se le puede pegar a un maestro.
No se le pega a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Y no lo saben porque son unos burros.
Y si no lo saben que lo aprendan.
Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.
Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.
Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, se les fije en la cabeza, lo reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan, ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores, los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:
Que no se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
No debo pegarle a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen, incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.
Por Mex Urtizberea
Lo sabe un chico de seis años, que ni siquiera sabe escribir.
Lo sabe un chico de doce años, que desconoce todas las materias que le deparará el secundario.
Lo sabe un adolescente de diecisiete años, aunque sea la edad de las confusiones, la edad en la que nada se sabe con certeza.
Lo saben sus padres.
Lo saben sus abuelos.
Lo sabe el tutor o encargado.
Lo saben los que no tienen estudios completos.
Lo sabe el repetidor.
Lo sabe el de mala conducta.
Lo sabe el que falta siempre.
Lo sabe el rateado.
Lo sabe el bochado.
Lo sabe hasta un analfabeto.
No se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de seis, de doce, de diecisiete, lo saben los repetidores, los de mala conducta, los analfabetos, los bochados, sus padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe, pero no lo saben algunos gobernadores.
Son unos burros.
No saben lo más primario.
Lo que saben es matar a un maestro.
Lo que saben es tirarles granadas de gas lacrimógeno.
Lo que saben es golpearlos con un palo.
Lo que saben es dispararles balas de goma.
A los maestros.
A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir con un maestro.
Lo que no saben es que se puede estar en desacuerdo con lo que el maestro dice o hace.
Lo que no saben es que un maestro puede tener razón o no tenerla.
Pero no se le puede pegar a un maestro.
No se le pega a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Y no lo saben porque son unos burros.
Y si no lo saben que lo aprendan.
Y si les cuesta aprenderlo que lo aprendan igual.
Y si no lo quieren aprender por las buenas, que lo aprendan por las malas.
Que se vuelvan a sus casas y escriban mil veces en sus cuadernos lo que todo el mundo sabe menos ellos, que lo repitan como loros hasta que se les grabe, se les fije en la cabeza, lo reciten de memoria y no se lo olviden por el resto de su vida; ellos y los que los sucedan, ellos y los demás gobernadores, los de ahora, los del año próximo y los sucesores de los sucesores, que aprendan lo que saben los chicos de cuatro años, de seis, de doce, los adolescentes de diecisiete, los rateados, los bochados, los analfabetos, los repetidores, los padres, los abuelos, los tutores o encargados, con o sin estudios completos:
Que no se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
No debo pegarle a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Sepan, conozcan, interpreten, subrayen, comprendan, resalten, razonen, interioricen, incorporen, adquieran, retengan este concepto, aunque les cueste porque siempre están distraídos, presten atención y métanselo en la cabeza: los maestros son sagrados.
Por Mex Urtizberea
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